Te quiero loco.
Te quiero loco y a pesar de eso.
Te quiero loco porque sos impredecible,
aunque siempre hagas lo mismo.
Te quiero loco por las mañanas,
loco por las tardes,
loco por las noches.
Te quiero loco porque junto a vos me siento cuerda.
Te quiero loco porque junto a vos mi locura se exacerba pero sin que se note, sin que se sepa.
Te quiero loco, y locas tus palabras,
locas tus miradas,
locas tus mentiras inocentes,
y todas tus verdades, locas.
Loco,
loca...
Loco,
te quiero loco.
Te quiero loco porque sos grande y también pequeño,
porque sos fuerte y débil al mismo tiempo,
porque seguido te gusta hablar bien de vos mismo, pero sos bastante inseguro y careces de mucho optimismo,
querés escuchar, pero hablás sin frenos,
tenés historias que contás mil veces, y a la mil una te acordás que ya has relatado el evento,
y yo no te lo había hecho notar hasta el momento,
porque más allá de eso,
la historia no era mala,
oírte me resultaba placentero.
Loco, sí,
así te quiero.
Porque mi locura precisa un buen acompañante,
y el sentimiento no acompaña a la razón.
Ese es el mayor motivo por el que loco te quiero,
no hay racionalización posible para este querer y sin embargo...
Si le busco explicación,
de la realidad me alejo,
mientras más lo pienso,
menos entiendo,
si le doy muchas vueltas me pierdo,
y así es el querer a alguien loco,
así es el querer loco,
así es el querer,
porque quiero locamente, a vos te quiero.
domingo, 22 de diciembre de 2013
jueves, 19 de diciembre de 2013
La magia siempre es puesta en duda
Me encontré una moneda de un centavo.
Luego la perdí, así, con la misma facilidad.
Completa ausencia de intencionalidad.
Fue que decidí y actué en consecuencia,
al momento de guardarla en mi bolsillo.
Sin saber muy bien por qué...,
pero creyendo que era la mejor opción ante la otra posibilidad,
seguir caminando y tal vez más tarde, olvidando.
Olvidando aquella vez que creí perder una oportunidad.
A fin de cuentas no muchas personas le darían importancia a una moneda de un centavo a un costado de la calle.
No es que haya analizado a conciencia la situación que se me presentaba en ese preciso momento,
fue algo más cercano a lo instintivo.
Lo que hice fue tomar,
guardar,
conservar,
secuencia socialmente aceptada,
desde tiempos inmemoriales.
Pero debido a su incapacidad -de la moneda-,
de ser utilizada como medio de pago significativo...
la pequeñez del valor otorgado a la misma.
De algún modo pensé que me influenciaría,
y ese modo tendría algo de mágico,
al menos más mágico que el cotidiano intercambio comercial que se realiza en cualquier supermercado, kiosco, medio de transporte público.
Sin darle demasiada relevancia consciente,
adjudiqué a aquella moneda propiedades divinas,
que por destino o por azar,
a mí me traspasaría...
Por el solo hecho de haber actuado en el justo momento como debía,
Sin ninguna clase de previsión o calculabilidad racional,.
Como no creo en el cálculo racional,
porque no dejo de decepcionarme al ponerlo en práctica...
pero tampoco demasiado en lo circunstancial,
lo ocasional, las coincidencias con suerte, y esas cosas...
No me preocupé mucho al descubrir que mi tesoro,
-le llamo tesoro porque soy un ser contradictorio, bueno, como todos los otros-,
ya no se encontraba donde yo lo había dejado.
La magia siempre es puesta en duda,
si ocurre,
maravilla y sorprende.
Pero si no,
jamás hubieron tantas expectativas como para entristecer.
Yo la moneda de un centavo que encontré a un costado de la calle,
la tomé,
la guardé,
pero no la conservé.
Así que tengo derecho a ponerme un poquito triste,
la magia siempre es puesta en duda,
y yo sigo dudando.
Luego la perdí, así, con la misma facilidad.
Completa ausencia de intencionalidad.
Fue que decidí y actué en consecuencia,
al momento de guardarla en mi bolsillo.
Sin saber muy bien por qué...,
pero creyendo que era la mejor opción ante la otra posibilidad,
seguir caminando y tal vez más tarde, olvidando.
Olvidando aquella vez que creí perder una oportunidad.
A fin de cuentas no muchas personas le darían importancia a una moneda de un centavo a un costado de la calle.
No es que haya analizado a conciencia la situación que se me presentaba en ese preciso momento,
fue algo más cercano a lo instintivo.
Lo que hice fue tomar,
guardar,
conservar,
secuencia socialmente aceptada,
desde tiempos inmemoriales.
Pero debido a su incapacidad -de la moneda-,
de ser utilizada como medio de pago significativo...
la pequeñez del valor otorgado a la misma.
De algún modo pensé que me influenciaría,
y ese modo tendría algo de mágico,
al menos más mágico que el cotidiano intercambio comercial que se realiza en cualquier supermercado, kiosco, medio de transporte público.
Sin darle demasiada relevancia consciente,
adjudiqué a aquella moneda propiedades divinas,
que por destino o por azar,
a mí me traspasaría...
Por el solo hecho de haber actuado en el justo momento como debía,
Sin ninguna clase de previsión o calculabilidad racional,.
Como no creo en el cálculo racional,
porque no dejo de decepcionarme al ponerlo en práctica...
pero tampoco demasiado en lo circunstancial,
lo ocasional, las coincidencias con suerte, y esas cosas...
No me preocupé mucho al descubrir que mi tesoro,
-le llamo tesoro porque soy un ser contradictorio, bueno, como todos los otros-,
ya no se encontraba donde yo lo había dejado.
La magia siempre es puesta en duda,
si ocurre,
maravilla y sorprende.
Pero si no,
jamás hubieron tantas expectativas como para entristecer.
Yo la moneda de un centavo que encontré a un costado de la calle,
la tomé,
la guardé,
pero no la conservé.
Así que tengo derecho a ponerme un poquito triste,
la magia siempre es puesta en duda,
y yo sigo dudando.
miércoles, 27 de noviembre de 2013
Mirame de nuevo
Encuentro,
me encuentro,
"tengo miedo del encuentro",
al volver...
yo no sé,
dice Gardel...
Encuentro,
y te encuentro.
Y, ¿te conozco?,
¿te había visto antes?,
Que lindos ojos tenes...
profundos,
tristes,
y alegres,
de esos que dicen mucho,
pícaros...
"Pícara",
"tiene cara de pícara",
decían de mí cuando tenía entre cuatro y seis años.
Se ve que a los siete dejé de serlo,
o parecerlo.
Mirame de nuevo...
Bueno...
Parece que te encontré, sí,
pero ahora que mejor lo pienso...
Yo a mí, ¿me encontré?
¿Alguna vez me busqué?
¿Alguna vez te busqué?.
En tus ojos me vi, sí,
y hasta me reconocí.
Pero, ¿si en los otros no me veo?,
¿si son pocos los lugares donde logro reencontrarme?
Pocas son las aguas donde logro reflejarme.
Antiguos son los espejos,
bellos los marcos,
pero llenos de polvo,
y miles de rostros que no son mi rostro,
y que se vieron antes.
Hola, no me olvidé de vos,
no me olvidé de tus ojos,
de tu mirada un poco "pícara...",
que me recuerda cosas que jamás vi,
que me recuerda historias que no me contaron,
que no viví,
que me recuerda lugares que no conocí...
Encuentro, decía...
Encuentro rara esta circunstancia...
Quiero creer que lo que creo es lo que creo,
lo que veo es lo que veo,
lo que siento es lo que siento,
y lo que pienso... Lo que pienso.
Pero prefiero no creer demasiado,
a ver si mañana al perder esos ojos me pierdo...
Mejor disfrutar el momento,
seguir queriendo creer que encuentro,
y así encontrar,
encontrarme de pronto un día,
no necesitando espejos,
no necesitando reflejos...
Mirame de nuevo.
me encuentro,
"tengo miedo del encuentro",
al volver...
yo no sé,
dice Gardel...
Encuentro,
y te encuentro.
Y, ¿te conozco?,
¿te había visto antes?,
Que lindos ojos tenes...
profundos,
tristes,
y alegres,
de esos que dicen mucho,
pícaros...
"Pícara",
"tiene cara de pícara",
decían de mí cuando tenía entre cuatro y seis años.
Se ve que a los siete dejé de serlo,
o parecerlo.
Mirame de nuevo...
Bueno...
Parece que te encontré, sí,
pero ahora que mejor lo pienso...
Yo a mí, ¿me encontré?
¿Alguna vez me busqué?
¿Alguna vez te busqué?.
En tus ojos me vi, sí,
y hasta me reconocí.
Pero, ¿si en los otros no me veo?,
¿si son pocos los lugares donde logro reencontrarme?
Pocas son las aguas donde logro reflejarme.
Antiguos son los espejos,
bellos los marcos,
pero llenos de polvo,
y miles de rostros que no son mi rostro,
y que se vieron antes.
Hola, no me olvidé de vos,
no me olvidé de tus ojos,
de tu mirada un poco "pícara...",
que me recuerda cosas que jamás vi,
que me recuerda historias que no me contaron,
que no viví,
que me recuerda lugares que no conocí...
Encuentro, decía...
Encuentro rara esta circunstancia...
Quiero creer que lo que creo es lo que creo,
lo que veo es lo que veo,
lo que siento es lo que siento,
y lo que pienso... Lo que pienso.
Pero prefiero no creer demasiado,
a ver si mañana al perder esos ojos me pierdo...
Mejor disfrutar el momento,
seguir queriendo creer que encuentro,
y así encontrar,
encontrarme de pronto un día,
no necesitando espejos,
no necesitando reflejos...
Mirame de nuevo.
lunes, 18 de noviembre de 2013
Palabras, algunas, ahora
No digas más palabras.
¿Dónde estás ahora?.
Por toda la eternidad.
Es larga la noche,
tras un desbande de cielos que estaban ocultos,
y hoy resplandecen,
dejan verse,
para toda la gente.
Días, muchos, horas, tiempos,
ejemplos, promesas, sin importancia,
esperanzas, hechos, lugares,
elementos, especies verdes,
altos, espejos, templos y dioses,
mundos, almas, ojos, cartas,
sueños, caminos, muros, piedras,
gigantes, elefantes imponentes,
plantas, bichos, bichitos, palomas,
vaquitas de San Antonio,
pies, pisadas, zapatos, matanzas,
destrozos, despojos, tristezas y llantos,
bombas, armas, amas de casa,
inocencia, ignorancia, maestros...
Todo lo que existe,
todo lo que viste y conociste,
e imaginaste porque te lo permitiste.
Dejaste ser,
como cuando descubriste,
al mar inabarcable, descontrolado, insuperable,
lo que podías lo dejaste a un lado,
y lo que sabías,
solo te sirvió de peldaño...
Aunque siempre seamos pocos.
Para confirmar el dicho,
de que siempre se puede llegar más lejos,
sumarle a un menos,
restarle a un más,
subir, ganar, cambiar es pensar,
equivocarse.
Todo está propenso a iluminarse,
la sombra depende de la Luna,
de la noche, del fuego y la calentura.
Todo puede fácilmente incendiarse,
si no estamos lo suficientemente atentos,
si andamos distraídos, un poco entumecidos,
sin ver ni mostrar.
No es dejar ser,
dejar pasar,
me cuesta a veces memorizar,
y de pronto recuerdo tu manera de hablar.
Me acuerdo cada gesto de desaprobación,
cada error que me hiciste notar,
cada risa y pesar.
Viejos balcones,
nuevas terrazas,
Soles y despertares,
de ellos, un millón de ejemplares,
tantos como esos inagotables mares,
que te enseñaron que debes respetar a tus mayores...
Y a cuidar cada pequeñez que pueda depender de tu conciencia,
tu instinto, tu ciencia,
humanidad creadora, que es sonora y protectora,
emprendedora emana fuerza y el justo equilibrio,
entre lo táctil y lo infinito,
lo real, lo desconocido,
la idea, el sentimiento y su sentido.
¿Dónde estás ahora?.
Por toda la eternidad.
Es larga la noche,
tras un desbande de cielos que estaban ocultos,
y hoy resplandecen,
dejan verse,
para toda la gente.
Días, muchos, horas, tiempos,
ejemplos, promesas, sin importancia,
esperanzas, hechos, lugares,
elementos, especies verdes,
altos, espejos, templos y dioses,
mundos, almas, ojos, cartas,
sueños, caminos, muros, piedras,
gigantes, elefantes imponentes,
plantas, bichos, bichitos, palomas,
vaquitas de San Antonio,
pies, pisadas, zapatos, matanzas,
destrozos, despojos, tristezas y llantos,
bombas, armas, amas de casa,
inocencia, ignorancia, maestros...
Todo lo que existe,
todo lo que viste y conociste,
e imaginaste porque te lo permitiste.
Dejaste ser,
como cuando descubriste,
al mar inabarcable, descontrolado, insuperable,
lo que podías lo dejaste a un lado,
y lo que sabías,
solo te sirvió de peldaño...
Aunque siempre seamos pocos.
Para confirmar el dicho,
de que siempre se puede llegar más lejos,
sumarle a un menos,
restarle a un más,
subir, ganar, cambiar es pensar,
equivocarse.
Todo está propenso a iluminarse,
la sombra depende de la Luna,
de la noche, del fuego y la calentura.
Todo puede fácilmente incendiarse,
si no estamos lo suficientemente atentos,
si andamos distraídos, un poco entumecidos,
sin ver ni mostrar.
No es dejar ser,
dejar pasar,
me cuesta a veces memorizar,
y de pronto recuerdo tu manera de hablar.
Me acuerdo cada gesto de desaprobación,
cada error que me hiciste notar,
cada risa y pesar.
Viejos balcones,
nuevas terrazas,
Soles y despertares,
de ellos, un millón de ejemplares,
tantos como esos inagotables mares,
que te enseñaron que debes respetar a tus mayores...
Y a cuidar cada pequeñez que pueda depender de tu conciencia,
tu instinto, tu ciencia,
humanidad creadora, que es sonora y protectora,
emprendedora emana fuerza y el justo equilibrio,
entre lo táctil y lo infinito,
lo real, lo desconocido,
la idea, el sentimiento y su sentido.
martes, 12 de noviembre de 2013
Me gusta
Me gusta un poco de ñoñez.
Me gusta que te rías.
Me gusta que me hagas reír.
Me gusta escuchar música por un auricular mientras hablo con la gente.
Me gusta olvidarme de la música hasta que haya un silencio.
Me gusta el silencio y olvidarme de todo.
Me gustan las buenas historias.
Me gustan aun más las buenas historias mediadas por un café.
Me gusta el café.
Me gustan las mañanas, la mayoría de las veces.
Me gusta que la Luna me siga.
Me gusta que la Luna nos siga.
Me gusta parecerme a alguien y que ese alguien se parezca a mi.
Me gusta ser diferente.
Me gusta que no me ignores.
Me gusta que te gusten las plantas.
Me gusta que conozcas lugares que no conozco.
Me gusta conocer lugares que no conocía.
Me gusta que no me gusten muchas cosas.
Me gusta no gustarte.
Me gusta que me mires mal, a veces.
Me gusta que me pidas un cigarro de vez en cuando.
Me gusta que no fumes porque hace mal.
Me gusta que te cuides.
Me gusta que me digas que me cuide.
Me gusta cuidarte y decirte que todo va a estar bien.
Me gusta la tranquilidad.
Me gusta dormir y despertar.
Me gusta la espontaneidad.
Me gusta desear y querer más.
Me gusta estar con vos,
Me gusta la soledad.
Me gusta mi nueva luz azul en mi escritorio.
Me gusta que te rías.
Me gusta que me hagas reír.
Me gusta escuchar música por un auricular mientras hablo con la gente.
Me gusta olvidarme de la música hasta que haya un silencio.
Me gusta el silencio y olvidarme de todo.
Me gustan las buenas historias.
Me gustan aun más las buenas historias mediadas por un café.
Me gusta el café.
Me gustan las mañanas, la mayoría de las veces.
Me gusta que la Luna me siga.
Me gusta que la Luna nos siga.
Me gusta parecerme a alguien y que ese alguien se parezca a mi.
Me gusta ser diferente.
Me gusta que no me ignores.
Me gusta que te gusten las plantas.
Me gusta que conozcas lugares que no conozco.
Me gusta conocer lugares que no conocía.
Me gusta que no me gusten muchas cosas.
Me gusta no gustarte.
Me gusta que me mires mal, a veces.
Me gusta que me pidas un cigarro de vez en cuando.
Me gusta que no fumes porque hace mal.
Me gusta que te cuides.
Me gusta que me digas que me cuide.
Me gusta cuidarte y decirte que todo va a estar bien.
Me gusta la tranquilidad.
Me gusta dormir y despertar.
Me gusta la espontaneidad.
Me gusta desear y querer más.
Me gusta estar con vos,
Me gusta la soledad.
Me gusta mi nueva luz azul en mi escritorio.
domingo, 10 de noviembre de 2013
Una, La Otra, y en la vereda de enfrente, Yo.
Una se tropieza, se cae, se golpea la mandíbula.
La otra sufre por un vídeo que luego subirá a facebook, para que otros también lo sufran.
Una sufre por la angustia de la caída, pero sobre todo por lo que podría haber pasado, aunque no pasó.
La otra lucha toda su vida pero no procura ganarla, es más probable sabe, que la lucha le gane a ella.
Una se siente encerrada, sin luz, sin vida, rodeada de polvo, pero no quiere salir a ver la luz del día.
La otra ordena, y ordena todos los domingos, pero cada lunes empieza de nuevo a desordenarse.
Una mira mucho el noticiero, y llora de lejos los asesinatos, las violaciones, la pobreza y las injusticias ajenas, y teme, teme mucho, a pesar de vivir en su habitación aislada y segura.
La otra detesta al sistema capitalista en que vive, pero en vez de combatirlo se victimiza, aunque los pobres sean los otros.
Una sabe que existe la miseria, el egoísmo, la traición, el odio, la locura -de la mala-, la insinceridad, el machismo, y por eso prefiere no relacionarse con la gente.
La otra intenta relacionarse con la gente para pertenecer, pero está en su mundo que cada vez es más pequeño, y sus ojos y su corazón no ven ni sienten más allá de su propia nariz y pecho.
Una y La otra conviven juntas.
Una y La otra son madre e hija.
Una parió a La otra.
La otra nació el mismo día del cumpleaños de Una.
Una y La otra se odian.
Una y La otra se aman.
Una y La otra se echan culpas.
Una y La otra intentan saldar cuentas pendientes que jamás serán saldadas, ni aun con la muerte de alguna.
Una y La otra no saben de todo lo que se pierden por malvivir, y malvivirse mutuamente.
Y yo las quiero tanto,
a la Una, y a La otra,
y yo las quiero tanto.
Pero no comparto ese modo de vivir,
no comparto ese modo de ver la vida,
no comparto ese mundo microscópico,
donde la salida siempre se encuentra bloqueada,
y la entrada lleva siempre al mismo lugar,
un lugar donde no quiero estar,
no quiero ya ni frecuentar,
porque falta amor,
porque falta compañía,
porque falta cuidado,
porque falta alegría,
porque falta solidaridad,
porque falta escuchar,
porque falta comunicación, compasión, acción.
La Una y La Otra, y yo, compartimos la misma sangre,
la misma sangre corre por nuestras venas,
pero hasta que no se desangre alguna,
la sangre no valdrá de nada,
y yo no quiero eso,
no quiero eso,
no quiero que nadie se desangre,
no quiero ver sangre,
no quiero culpa,
no quiero miedo,
no quiero oscuridad,
no quiero muerte,
no dentro de mi hogar,
no dentro de mi ser,
no dentro de casa,
por favor les pido,
no dentro de casa.
La otra sufre por un vídeo que luego subirá a facebook, para que otros también lo sufran.
Una sufre por la angustia de la caída, pero sobre todo por lo que podría haber pasado, aunque no pasó.
La otra lucha toda su vida pero no procura ganarla, es más probable sabe, que la lucha le gane a ella.
Una se siente encerrada, sin luz, sin vida, rodeada de polvo, pero no quiere salir a ver la luz del día.
La otra ordena, y ordena todos los domingos, pero cada lunes empieza de nuevo a desordenarse.
Una mira mucho el noticiero, y llora de lejos los asesinatos, las violaciones, la pobreza y las injusticias ajenas, y teme, teme mucho, a pesar de vivir en su habitación aislada y segura.
La otra detesta al sistema capitalista en que vive, pero en vez de combatirlo se victimiza, aunque los pobres sean los otros.
Una sabe que existe la miseria, el egoísmo, la traición, el odio, la locura -de la mala-, la insinceridad, el machismo, y por eso prefiere no relacionarse con la gente.
La otra intenta relacionarse con la gente para pertenecer, pero está en su mundo que cada vez es más pequeño, y sus ojos y su corazón no ven ni sienten más allá de su propia nariz y pecho.
Una y La otra conviven juntas.
Una y La otra son madre e hija.
Una parió a La otra.
La otra nació el mismo día del cumpleaños de Una.
Una y La otra se odian.
Una y La otra se aman.
Una y La otra se echan culpas.
Una y La otra intentan saldar cuentas pendientes que jamás serán saldadas, ni aun con la muerte de alguna.
Una y La otra no saben de todo lo que se pierden por malvivir, y malvivirse mutuamente.
Y yo las quiero tanto,
a la Una, y a La otra,
y yo las quiero tanto.
Pero no comparto ese modo de vivir,
no comparto ese modo de ver la vida,
no comparto ese mundo microscópico,
donde la salida siempre se encuentra bloqueada,
y la entrada lleva siempre al mismo lugar,
un lugar donde no quiero estar,
no quiero ya ni frecuentar,
porque falta amor,
porque falta compañía,
porque falta cuidado,
porque falta alegría,
porque falta solidaridad,
porque falta escuchar,
porque falta comunicación, compasión, acción.
La Una y La Otra, y yo, compartimos la misma sangre,
la misma sangre corre por nuestras venas,
pero hasta que no se desangre alguna,
la sangre no valdrá de nada,
y yo no quiero eso,
no quiero eso,
no quiero que nadie se desangre,
no quiero ver sangre,
no quiero culpa,
no quiero miedo,
no quiero oscuridad,
no quiero muerte,
no dentro de mi hogar,
no dentro de mi ser,
no dentro de casa,
por favor les pido,
no dentro de casa.
viernes, 1 de noviembre de 2013
No somos hormigas
Ser humano,
hormiga con dos piernas,
trabaja noche y día,
repitiendo su rutina.
Apurados los ves pasar,
con corbata,
con maleta,
y diferencia social.
Zapatillas,
otra ropa...
¿qué más da?
Pasan,
solo pasan,
sin nunca siquiera mirar.
¿Por dónde comenzar a explicar?,
la distancia inmensa que entre esos seres hay,
la avaricia,
la codicia,
la falta de compañía,
compañerismo,
de no egoísmo,
de no fascismo,
de no capitalismo,
de no suicidio.
La gente vive y se suicida todos los días,
para ganarse la vida,
mata y se mata para vivir,
vive para matar,
y muere sin jamás haber vivido.
Por eso es que no somos ni seremos hormigas.
hormiga con dos piernas,
trabaja noche y día,
repitiendo su rutina.
Apurados los ves pasar,
con corbata,
con maleta,
y diferencia social.
Zapatillas,
otra ropa...
¿qué más da?
Pasan,
solo pasan,
sin nunca siquiera mirar.
¿Por dónde comenzar a explicar?,
la distancia inmensa que entre esos seres hay,
la avaricia,
la codicia,
la falta de compañía,
compañerismo,
de no egoísmo,
de no fascismo,
de no capitalismo,
de no suicidio.
La gente vive y se suicida todos los días,
para ganarse la vida,
mata y se mata para vivir,
vive para matar,
y muere sin jamás haber vivido.
Por eso es que no somos ni seremos hormigas.
¿Fui yo?
Si algo de mi ser,
tocó,
movilizó,
rozó,
-y es que eso suficiente le pareció-,
alguna fibra floja en su personalidad...
Yo no quise hacerlo,
no quise hacerlo.
¿Tuve algo que ver con su reacción?,
si hablo de reacción,
si hablo de no querer hacer,
es que algo tuve que ver.
¿La busqué?...
No,
no la busqué.
Esa parte de la historia,
queda en usted.
Y de todas maneras me pregunto,
¿por qué?,
¿porqué yo lo desencadené?,
tal vez,
sean "cosas que pasan",
tal vez,
ni pensarlo debiera...
O... Tal vez...
Ni idea che.
tocó,
movilizó,
rozó,
-y es que eso suficiente le pareció-,
alguna fibra floja en su personalidad...
Yo no quise hacerlo,
no quise hacerlo.
¿Tuve algo que ver con su reacción?,
si hablo de reacción,
si hablo de no querer hacer,
es que algo tuve que ver.
¿La busqué?...
No,
no la busqué.
Esa parte de la historia,
queda en usted.
Y de todas maneras me pregunto,
¿por qué?,
¿porqué yo lo desencadené?,
tal vez,
sean "cosas que pasan",
tal vez,
ni pensarlo debiera...
O... Tal vez...
Ni idea che.
Deseaba
En usted ha depositado toda su confianza...
¿La reconoce?
Ha creído que encontraba,
todo aquello que deseaba.
¿Cómo estás?
Me cambió un poquito la vida...
Diciembre,
¿En Diciembre?,
Abril.
Y soñé que lo adoptaba,
que me hacía cargo,
que lo cuidaba,
porque la mamá ya no estaba,
aunque estuvo para decirme que lo encontrara,
que lo abrazara,
que no lo soltara,
y ¿qué iba yo a hacer?,
lo abracé,
no lo solté.
No sé si lloré,
no sé bien cómo fue,
solo sé que lo cuidé.
Y si la confianza era tan grande,
y si fuimos tan buenos amantes,
si la lluvia y el Sol nos hacía reír,
si las palabras y el silencio ni sobraban ni faltaban,
si a cada paso sentía que nada malo podía pasarme.
Ahora entiendo la enormidad del amor,
ahora entiendo que no hay nada que entender,
ahora no busco más que aquello que conocí,
porque no imagino otro buen sentir,
ahora espero que vuelva el calor,
ahora espero que vuelva el valor,
que vuelva el amor,
y que se vaya sin dejar tanto dolor.
No sabía qué estaba viviendo,
hasta que dejé de hacerlo.
¿La reconoce?
Ha creído que encontraba,
todo aquello que deseaba.
¿Cómo estás?
Me cambió un poquito la vida...
Diciembre,
¿En Diciembre?,
Abril.
Y soñé que lo adoptaba,
que me hacía cargo,
que lo cuidaba,
porque la mamá ya no estaba,
aunque estuvo para decirme que lo encontrara,
que lo abrazara,
que no lo soltara,
y ¿qué iba yo a hacer?,
lo abracé,
no lo solté.
No sé si lloré,
no sé bien cómo fue,
solo sé que lo cuidé.
Y si la confianza era tan grande,
y si fuimos tan buenos amantes,
si la lluvia y el Sol nos hacía reír,
si las palabras y el silencio ni sobraban ni faltaban,
si a cada paso sentía que nada malo podía pasarme.
Ahora entiendo la enormidad del amor,
ahora entiendo que no hay nada que entender,
ahora no busco más que aquello que conocí,
porque no imagino otro buen sentir,
ahora espero que vuelva el calor,
ahora espero que vuelva el valor,
que vuelva el amor,
y que se vaya sin dejar tanto dolor.
No sabía qué estaba viviendo,
hasta que dejé de hacerlo.
Miedo
Le tengo miedo a la reacción de mi acción,
y no a mi acción en si misma.
Me tengo miedo a mí,
a través de los otros.
Y porqué no...
A los otros,
a través mío.
Maldita lógica dialéctica,
que me hace relativizar hasta al miedo,
provocando pensamientos inciertos,
y tan ciertos como lo son los infiernos,
infiernos potentes carentes de aciertos,
inmersos en las lagunas de las mentes,
siempre presentes,
aunque parezcan ausentes.
Y tal vez el pasado tenga algo que ver,
y repleto de caminos caminados el presente,
y el futuro que no se deja conocer.
y no a mi acción en si misma.
Me tengo miedo a mí,
a través de los otros.
Y porqué no...
A los otros,
a través mío.
Maldita lógica dialéctica,
que me hace relativizar hasta al miedo,
provocando pensamientos inciertos,
y tan ciertos como lo son los infiernos,
infiernos potentes carentes de aciertos,
inmersos en las lagunas de las mentes,
siempre presentes,
aunque parezcan ausentes.
Y tal vez el pasado tenga algo que ver,
y repleto de caminos caminados el presente,
y el futuro que no se deja conocer.
jueves, 3 de octubre de 2013
Si no creyera
Lo primero a la vista,
es aquello que último se ve.
Maldita costumbre esa,
la de buscar lo que se quiere a lo lejos...
la de olvidar que al alcance de la mano,
es muy probable que esté lo deseado.
Y por eso es que vivimos buscando,
y por vivir buscando,
seguimos deseando,
sin siquiera mirar a nuestro lado.
A veces miramos sin ver,
creemos que lo real es lo que conocemos,
pero la verdad nunca se vuelve evidente,
si la realidad no se muestra transparente.
Algunos tan solo pretenden,
se encuentran atrapados en su propio consciente,
sin siquiera desear conocerse,
sin siquiera desear conocerte,
sin esperar nada ajeno,
sin esperar nada nuevo,
sin esperar.
Y así les va...
pero, ¿quién soy yo para juzgar?
Si caí en la trampa de su bondad,
fue porque necesité cegarme para avanzar,
la luz por si misma no existe sin oscuridad,
su contraste me ayudó a diferenciar,
a distinguir entre la confianza y el querer confiar,
entre la inocencia,
la ignorancia,
la ingenuidad.
Me demostró empíricamente lo que yo había leído una vez,
en ese entonces no había querido entender,
que lo esencial es invisible a los ojos,
que lo que a veces parece no es.
Y como soy un poco terca,
decido que volveré a creer,
tampoco es que me di la cabeza,
tantas veces contra la pared...
De hecho creo que soy como los gatos,
por suerte aun tengo nueve vidas,
de nada serviría tenerlas,
si a pesar de creer no creyera.
es aquello que último se ve.
Maldita costumbre esa,
la de buscar lo que se quiere a lo lejos...
la de olvidar que al alcance de la mano,
es muy probable que esté lo deseado.
Y por eso es que vivimos buscando,
y por vivir buscando,
seguimos deseando,
sin siquiera mirar a nuestro lado.
A veces miramos sin ver,
creemos que lo real es lo que conocemos,
pero la verdad nunca se vuelve evidente,
si la realidad no se muestra transparente.
Algunos tan solo pretenden,
se encuentran atrapados en su propio consciente,
sin siquiera desear conocerse,
sin siquiera desear conocerte,
sin esperar nada ajeno,
sin esperar nada nuevo,
sin esperar.
Y así les va...
pero, ¿quién soy yo para juzgar?
Si caí en la trampa de su bondad,
fue porque necesité cegarme para avanzar,
la luz por si misma no existe sin oscuridad,
su contraste me ayudó a diferenciar,
a distinguir entre la confianza y el querer confiar,
entre la inocencia,
la ignorancia,
la ingenuidad.
Me demostró empíricamente lo que yo había leído una vez,
en ese entonces no había querido entender,
que lo esencial es invisible a los ojos,
que lo que a veces parece no es.
Y como soy un poco terca,
decido que volveré a creer,
tampoco es que me di la cabeza,
tantas veces contra la pared...
De hecho creo que soy como los gatos,
por suerte aun tengo nueve vidas,
de nada serviría tenerlas,
si a pesar de creer no creyera.
jueves, 29 de agosto de 2013
Cuándo sobran sentimientos y faltan las palabras
Extraño esa ternura,
extraño ese "poder todo".
Esa magia que tanto me hace reír,
esa locura que jamás me haría sufrir.
Salvo que no la tenga conmigo,
como ahora que de tanto amar,
de tanto querer,
te alejas un poquito,
o mucho,
muchísimo,
y siento que lo pierdo todo,
y que lo "puedo nada".
Del todo a la nada en un instante,
como ese corazón que ahora late.
Que la impotencia se apodera de mí,
como aquel día en que nací.
Dependía puramente de la bondad ajena,
de que me cuiden,
de que me quieran,
sin importar mis fuerzas,
mis defensas,
indefensa.
Sí,
indefensa,
así estoy ante ese amor,
así estoy ante el dolor,
ese que aparece cuando se fuga el cariño,
cuando dejas de mirarme de ese modo tan genuino,
cuando no te tengo cerca,
irradiando sol y certezas.
Pero es que,
¿todo lo que queda son mentiras?,
¿todo lo que queda son las ruinas?,
aquello que se construyó en segundos,
segundos eternos como los que construyeron el mundo,
piedritas de colores, y un par de gestos tuyos,
¿todo aquello se evaporó en un minuto?,
¿no hay nada por acá que no sea nulo?
Me niego a creer que se acaba lo profundo,
me niego a pensar que termina y sigo,
sigo desperdiciando palabras en continuo,
sigo sintiendo un profundo vacío.
Lleno de esperanzas desesperanzadas,
de esas que no se van ni aunque les pegues patadas,
y lo digo porque lo intenté,
sacar a golpes lo que me pasaba,
pero solo yo los recibía,
solo yo los entendía,
y no alcanzó con un poco de rabia contenida.
Falta que aparezca un nuevo horizonte,
algo que de lejos se aprecia como norte,
algo que me impulse a caminar sin titubear,
y me enamore nuevamente,
de su encanto transparente.
Transparente como la duda misma,
que de tan confusa se vuelve nítida,
real como el deseo y la vida.
Pero ¿qué hablo de vida?,
si no la comprendo todavía...
extraño ese "poder todo".
Esa magia que tanto me hace reír,
esa locura que jamás me haría sufrir.
Salvo que no la tenga conmigo,
como ahora que de tanto amar,
de tanto querer,
te alejas un poquito,
o mucho,
muchísimo,
y siento que lo pierdo todo,
y que lo "puedo nada".
Del todo a la nada en un instante,
como ese corazón que ahora late.
Que la impotencia se apodera de mí,
como aquel día en que nací.
Dependía puramente de la bondad ajena,
de que me cuiden,
de que me quieran,
sin importar mis fuerzas,
mis defensas,
indefensa.
Sí,
indefensa,
así estoy ante ese amor,
así estoy ante el dolor,
ese que aparece cuando se fuga el cariño,
cuando dejas de mirarme de ese modo tan genuino,
cuando no te tengo cerca,
irradiando sol y certezas.
Pero es que,
¿todo lo que queda son mentiras?,
¿todo lo que queda son las ruinas?,
aquello que se construyó en segundos,
segundos eternos como los que construyeron el mundo,
piedritas de colores, y un par de gestos tuyos,
¿todo aquello se evaporó en un minuto?,
¿no hay nada por acá que no sea nulo?
Me niego a creer que se acaba lo profundo,
me niego a pensar que termina y sigo,
sigo desperdiciando palabras en continuo,
sigo sintiendo un profundo vacío.
Lleno de esperanzas desesperanzadas,
de esas que no se van ni aunque les pegues patadas,
y lo digo porque lo intenté,
sacar a golpes lo que me pasaba,
pero solo yo los recibía,
solo yo los entendía,
y no alcanzó con un poco de rabia contenida.
Falta que aparezca un nuevo horizonte,
algo que de lejos se aprecia como norte,
algo que me impulse a caminar sin titubear,
y me enamore nuevamente,
de su encanto transparente.
Transparente como la duda misma,
que de tan confusa se vuelve nítida,
real como el deseo y la vida.
Pero ¿qué hablo de vida?,
si no la comprendo todavía...
martes, 13 de agosto de 2013
Cambiar lo que puede cambiar
La realidad es todo,
lo que nos gusta y lo que no.
A lo que estamos acostumbrados,
y lo que de pronto aparece y nos recuerda que hay tantas cosas por conocer.
También aquello que jamás conoceremos,
aún queriendo conocerlo todo.
No alcanza,
no me alcanza,
me sobra,
me falta.
No es que me moleste como eres,
simplemente puedo ver,
-y digo ver porque no encuentro otra palabra más acorde-,
esa carita que antes reía,
y que ahora por tu pasajera ceguedad,
se encuentra sumida en un oscuro pesar.
Un pesar que me llega,
que me encara,
y me da un par de golpes,
si estoy un poco distraída.
Un pesar que me prohíbe mirar para otro lado,
me corrijo,
yo me lo prohíbo,
mejor dicho se me impone.
Se me impone que se me presente la realidad tal cual es,
y no me creo ningún dios al decirlo,
así que lo repito,
tal cual es.
Contradicciones que jamás desaparecerán,
comunicación,
y mucha descomunicación,
esa que está acompañada de palabras por doquier y letras a granel.
Hablas con una lógica que no me interesa en lo más mínimo entender,
y perdón por ofender.
Escribo y la lágrima se seca,
pero sé que existió para darme cuenta,
de que uno no elige lo que lo afecta.
Uno no elige entender,
pero sí puede elegir esconder.
Somos capaces de volver a tropezar mil veces con la misma piedra,
por el simple hecho de no querer reconocer que siempre seguirá siendo la misma,
por esperar que mágicamente se transforme en piedra buena,
de esas que solo existen en nuestra mente,
esas que tienen la capacidad de hacerse a un costado para dejarnos pasar.
La verdad es que solo nosotros podemos cambiar,
y esquivarla para avanzar.
Tal vez amemos a aquella piedra,
tal vez amemos a la piedra mágica de nuestro soñar,
pero la piedra en el camino que nos hace tropezar,
piedra en el camino quedará.
Es cuestión de elegir no olvidar lo que nos hace mal,
porque si una vez lo hizo,
siempre lo hará,
salvo que cambiemos de ruta al caminar.
lo que nos gusta y lo que no.
A lo que estamos acostumbrados,
y lo que de pronto aparece y nos recuerda que hay tantas cosas por conocer.
También aquello que jamás conoceremos,
aún queriendo conocerlo todo.
No alcanza,
no me alcanza,
me sobra,
me falta.
No es que me moleste como eres,
simplemente puedo ver,
-y digo ver porque no encuentro otra palabra más acorde-,
esa carita que antes reía,
y que ahora por tu pasajera ceguedad,
se encuentra sumida en un oscuro pesar.
Un pesar que me llega,
que me encara,
y me da un par de golpes,
si estoy un poco distraída.
Un pesar que me prohíbe mirar para otro lado,
me corrijo,
yo me lo prohíbo,
mejor dicho se me impone.
Se me impone que se me presente la realidad tal cual es,
y no me creo ningún dios al decirlo,
así que lo repito,
tal cual es.
Contradicciones que jamás desaparecerán,
comunicación,
y mucha descomunicación,
esa que está acompañada de palabras por doquier y letras a granel.
Hablas con una lógica que no me interesa en lo más mínimo entender,
y perdón por ofender.
Escribo y la lágrima se seca,
pero sé que existió para darme cuenta,
de que uno no elige lo que lo afecta.
Uno no elige entender,
pero sí puede elegir esconder.
Somos capaces de volver a tropezar mil veces con la misma piedra,
por el simple hecho de no querer reconocer que siempre seguirá siendo la misma,
por esperar que mágicamente se transforme en piedra buena,
de esas que solo existen en nuestra mente,
esas que tienen la capacidad de hacerse a un costado para dejarnos pasar.
La verdad es que solo nosotros podemos cambiar,
y esquivarla para avanzar.
Tal vez amemos a aquella piedra,
tal vez amemos a la piedra mágica de nuestro soñar,
pero la piedra en el camino que nos hace tropezar,
piedra en el camino quedará.
Es cuestión de elegir no olvidar lo que nos hace mal,
porque si una vez lo hizo,
siempre lo hará,
salvo que cambiemos de ruta al caminar.
ZigZaguear
No quiero vivir la vida en partes.
No quiero vivir la vida en mitades.
Y menos mitades buenas,
mitades malas.
Mitades sanas,
mitades enfermas.
Mitades afuera, y adentro,
mitades en ningún lugar.
Me preguntaste como caminaba,
te contesté que depende.
Me pareció lo más coherente responderte eso,
pues mi caminar cambia según el momento.
Ahora bien, quiero creer que los pies son siempre los mismos,
aunque pisen la tierra, piedras, cemento.
Quiero creer.
Pero, ¿qué pasa si caminamos juntos?,
y nuestros momentos son diferentes.
¿Qué pasa si camino rápido?,
¿y lento?
¿Qué pasa si uno se queda atrás?,
el que llegó más lejos, ¿esperará?
Quiero creer que sí.
Pero no alcanza con creer,
y menos con querer.
Quienes dicen querer es poder,
te mienten.
Te lo digo yo,
que no se nada.
Te lo digo yo,
que hago lo que quiero,
y lo que no quiero.
Te lo digo yo,
que creo mucho,
pero de tanto creer,
zigzagueo sin terminar de ponerme de acuerdo con mi parecer.
Espera,
¿Qué decís?
¿Qué los locos son los únicos que caminan en línea recta?,
creo lo mismo.
Sí, creo.
A veces quisiera ser una de ellos,
y algo me dice que no podría,
que estaría mucho más perdida.
Pero claro,
nadie lo notaría,
y eso es una ventaja.
¿No?
¿No lo es?
Acaso, ¿No te importa lo que vean?,
¿lo que piensen?,
¿lo que crean?
Sería mucho más fácil si zigzaguearas conmigo,
porque todos somos espejos,
aunque nos creamos muy distintos.
A mi no me preocuparía que vayas a otro ritmo,
que esa melodía que a mi me emociona,
a vos te de lo mismo.
No me preocuparía que te guste la Luna,
así como a mi me gusta el Sol,
ni que por las noches rías,
aún si yo estoy llorando.
Solo te pido que intentes que ría contigo,
y que si no lo lograras,
no trates de convencerme de que para llorar no hay motivos.
Yo nunca te pediré que llores conmigo.
Debes tener en cuenta que los locos,
nos dirán que los locos somos nosotros,
y por pensar que el zigzag es contagioso,
querrán que nos amoldemos o por lo menos nos alejemos.
¿Estás listo?
¿Estás lista?
Yo también.
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