No digas más palabras.
¿Dónde estás ahora?.
Por toda la eternidad.
Es larga la noche,
tras un desbande de cielos que estaban ocultos,
y hoy resplandecen,
dejan verse,
para toda la gente.
Días, muchos, horas, tiempos,
ejemplos, promesas, sin importancia,
esperanzas, hechos, lugares,
elementos, especies verdes,
altos, espejos, templos y dioses,
mundos, almas, ojos, cartas,
sueños, caminos, muros, piedras,
gigantes, elefantes imponentes,
plantas, bichos, bichitos, palomas,
vaquitas de San Antonio,
pies, pisadas, zapatos, matanzas,
destrozos, despojos, tristezas y llantos,
bombas, armas, amas de casa,
inocencia, ignorancia, maestros...
Todo lo que existe,
todo lo que viste y conociste,
e imaginaste porque te lo permitiste.
Dejaste ser,
como cuando descubriste,
al mar inabarcable, descontrolado, insuperable,
lo que podías lo dejaste a un lado,
y lo que sabías,
solo te sirvió de peldaño...
Aunque siempre seamos pocos.
Para confirmar el dicho,
de que siempre se puede llegar más lejos,
sumarle a un menos,
restarle a un más,
subir, ganar, cambiar es pensar,
equivocarse.
Todo está propenso a iluminarse,
la sombra depende de la Luna,
de la noche, del fuego y la calentura.
Todo puede fácilmente incendiarse,
si no estamos lo suficientemente atentos,
si andamos distraídos, un poco entumecidos,
sin ver ni mostrar.
No es dejar ser,
dejar pasar,
me cuesta a veces memorizar,
y de pronto recuerdo tu manera de hablar.
Me acuerdo cada gesto de desaprobación,
cada error que me hiciste notar,
cada risa y pesar.
Viejos balcones,
nuevas terrazas,
Soles y despertares,
de ellos, un millón de ejemplares,
tantos como esos inagotables mares,
que te enseñaron que debes respetar a tus mayores...
Y a cuidar cada pequeñez que pueda depender de tu conciencia,
tu instinto, tu ciencia,
humanidad creadora, que es sonora y protectora,
emprendedora emana fuerza y el justo equilibrio,
entre lo táctil y lo infinito,
lo real, lo desconocido,
la idea, el sentimiento y su sentido.
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