miércoles, 22 de agosto de 2012

No me vengan con perros

Todo buen dibujante debe tener gatos.
Todo buen escritor, debe tener gatos.
Todo buen abogado, psicólogo, astronauta, debe tener gatos.
Porque todos, debemos tener gatos.
Porque los gatos, son extremadamente lindos, ¿o no?
Suave su pelaje al acariciarlos, 
profundos sus ojos cuándo te miran como diciéndote algo, 
que en general es Quiero comer o Tocame con la yema de tus dedos, 
y haceme tuyo.
Todos debemos experimentar en algún momento de nuestra vida, 
la inigualable compañía de un gato en nuestro hogar, 
o dos, o tres, mientras más mejor, 
salvo por la invasión de pelos que eso implica, 
lo demás será pura alegría.
Hay naranjitas, grises, negros y blancos, 
combinados, marrones, rubios y atigrados, 
algunos como cebras, rayados, 
y de ojitos achinados, 
más que nada bajo el Sol,
y el efecto del ronroneo.
Algunos son cariñosos, 
puede que giren alrededor de tu pierna por tiempo indeterminado,
hasta que te des cuenta y lo subas a tu regazo.
O le des una pequeña patada, 
y el felino mueva la cola como señal de desaprobación y molestia.
Algunos de ellos, 
no te demostrarán que saben de tu existencia, 
pasarán a tu lado como si no estuvieras, 
te mirarán de reojo,
y continuarán con lo suyo como si no te hubieran visto.
Lo suyo puede ser correr por el espacio hasta cansarse,
mirar un punto fijo, 
hacer un movimiento repentino producido por alguna percepción,
que nosotros no tuvimos, o sí.
Lo suyo es comer, beber, dormir, maullar,
y utilizar las piedritas blancas, 
que nosotros compramos,
y ellos se apropian, 
ir al baño.
Lo suyo es jugar con piolines, hilos y cuerdas, 
cualquier cosa que se mueva,
moscas, moscardones y hormigas,
tus pie, tu brazo y tu pierna.
Con sus uñas te harán daño,
pero nada de eso importa,
si lo hacen con amor.
Si el gato quiso subir a tu falda,
y en el medio quedó enganchado, 
colgando de tu pierna,
y asustado empezó a tirar hacia abajo, 
un poco por la fuerza, otro poco por la gravedad,
y vos gritas porque te duele mucho,
pero suavemente desenganchas sus uñas de tu piel,
y lo bajas nuevamente al suelo,
esperando que la próxima vez,
calcule mejor su salto.
Si eso pasara,
no te preocupes.
No será todos los días.
Como decía, 
y mantengo,
todos debemos tener gatos.
Toda buena ama de casa debe tener gatos.
Todo buen arquitecto, debe tener gatos.
Todo buen diseñador gráfico, debe tener gatos.
Todo buen actor, debe tener gatos.
Todo buen músico, pintor, director, debe tener gatos.
Todo buen antropólogo, también debe tener gatos,
y lo mismo pasa con los presidentes, legisladores y diputados,
si tuvieran gatos, el mundo funcionaría mejor,
de ello no hay duda.
Todo buen médico, enfermero, debe tener gatos.
Todo trabajador social, definitivamente, debe tener gatos.
Porque todos debemos tener gatos.
Así como todo gato,
también debe tener sus propios gatos,
y por eso les pido por favor...
No me vengan con perros.

domingo, 19 de agosto de 2012

Enfrentar

Enfrentar...
¿Qué pasa si yo te digo, enfrenta?
Comenzá a enfrentar.
Enfrenta, tus miedos. ¿Trillado?
Enfrenta, a tu ignorancia. Enfrentala.
Retala a duelo, solo puedes ganar.
Enfrenta, a la injusticia. Enfrentala.
Que no te tire para abajo, 
el verla todos los días. 
Solo enfrentándose a ella, 
tenemos la posibilidad de erradicarla.
Enfrenta, enfréntate con la realidad.
Con lo que está ocurriendo en este momento, 
con los porqué, con las respuestas, 
de mil preguntas que podés hacer.
Enfrenta, enfréntate al caos.
A las crisis constantes, y a las intermitentes.
Sé un alquimista, 
exprime todo el jugo de esa naranja no tan jugosa.
Y bébelo.
Aprovecha tu entorno y a vos mismo.
Enfréntate con lo que quieres. 
Piensa, siente, conoce, entiende.
Y decide luego, a cada paso. 
No te apures, pero tampoco te detengas. 
Aprende y experimenta. 
Hasta conseguir lo que quieras. 
Lo que soñabas, o al menos la mayor parte.
Enfréntate, también, con todo aquello que no quieres.
Lo que te hace mal, te incomoda, te ata,
te deprime, te entristece, y te encierra,
y aunque quieras alejarte, y bien está que lo hagas,
no huyas con los ojos cerrados. 
Intenta entender el porqué del daño causado,
qué es lo que impulsa el cambio, 
pues, todo aquello impedía un crecimiento sano,
pero ahora, todo está revolucionado.

A Esteban Costa (1980-2008)

Fue un pequeño y un gran mundo,
a una edad muy temprana.
Cuando el Sol no era el mismo que el que es hoy,
y las palabras, las que él escribía,
eran respuestas y preguntas,
que no podría yo responder, 
aunque en ello pusiera todo mi interés y saber.
Mucha vida, juventud divina.
Como muchos dicen, 
pero no muchas veces demuestran.
Pensamiento crítico, 
gusto y admiración por la simpleza,
la simpleza de las cosas, simples,
la simpleza de lo que es realmente importante.
De amaneceres,
de mates y amistades,
compañías a la luz de la luna.
En cualquier parte.
Costa, cuesta del todo imaginarte,
poderte ver, oírte en mi cabeza.
Pero te entendí, en la medida que pude y supe,
y te leí, te recité, y me sentí atraída, 
despojada de prejuicios,
y amargas experiencias vacías,
porque yo también era comprendida,
mientras te comprendía.
Yo te quise, aunque no te haya perdido nunca.
Necesitabas poco para ser feliz,
pero la infelicidad de los otros te llegaba hasta el nervio más interno, e irrelevante,
te hacía hervir la sangre, querer gritar,
a veces salir a matar,
pero en vez de eso,
lo volcabas todo,
en hojas de papel.
Me hablaste a mí, eso sentí,
mientras te hablabas a vos mismo.
Espero que le hayas hablado a muchos,
y que lo sigas haciendo.
Que te sigan leyendo, Esteban.
Para que los ayudes a seguir creciendo,
no en vano, no al pedo,
que se nutran con tus ideas, y tantas otras,
y como semillas, que muten,
transformen, germinen,
y conviertan en flores, aquellas penas y dolores,
que algunos de nosotros supimos y sabemos percibir,
a costa, querido Costa, de la vulnerabilidad que ello supone.
Y supuso.
Sabiendo que es muy probable,
que estando tan cerca del fuego, 
acabes quemado.
Pero no siendo cenizas.
No. Nunca.
Vos no naciste, 
ni viviste para eso.
Las cenizas no hablan, no escriben, no cuentan historias.
No tienen anécdotas, no sienten el calorcito del Sol en la piel,
no tienen piel.
No sienten las injusticias, no ríen, no lloran.
No pueden ser felices.
No saben lo que es una tormenta,
ni un nuevo día.
Jamás podrías ser ceniza.
Te hablo a vos, Esteban Costa,
porque fue un gusto conocerte.

sábado, 11 de agosto de 2012

Cuando unos pocos estructuran tu vida, y vos ni te enterás...

Mientras más pronto olviden todo, mejor.
Matemos la sabiduría de la vieja generación.
Quememos sus libros, cualquier tipo de escrito que tenga contenido.
Destruyamos sus creaciones, ya que no podemos quemar sus valores.
Construyamos una nueva cultura,
fácil de asimilar, basada en cigarrillos marca Phylip, y cartón.
Estanquémoslos.
Que no sepan mirar atrás, ni pensar.
Ni comparar, ni mejorar.
Que solo conozcan una realidad,
la impuesta, la imposible de cambiar.
Matemos a los negros, a los judíos, a los cartoneros.
Nos harán seguramente quedar mal.
Matemos a los viejos, los ancianos, los dementes.
Pues no paran de hablar y de decir verdad.
Que no se escuche en la calle sonido,
más que el de los autos y colectivos.
Ni murmurar, ni compartir palabra,
mucho menos discutir.
La discusión genera pensamientos,
que al ser contradictorios,
les permite innovar y descubrir,
que no hay un solo modo de a la vida concebir.
Que no hay una ley, ni varias que valgan,
que nosotros compramos los Derechos y con ellos cocinamos estofado.
Que solo nosotros comemos.
Que no entiendan, que no sepan, que no se enteren,
de lo que estamos haciendo.
Que el cambio sea lento, que no se inmuten,
que no perciban, que no vean ni escuchen.
Saboreen detenidamente el gusto del pan,
que no es grande su disponibilidad.
Quiero verlos asustados por la inseguridad.
Tengan miedo, no se dejen a los ojos mirar,
no se animen a cuestionar.
Salgan a matar, a quienes les mira mal.
Es fundamental que tengan frente al sillón,
siempre con ustedes, una pantalla de televisor.
Por allí daremos discursos en cadena,
a cada hora, y con llegada internacional.
Allí podrán ver culos, tetas y pijas,
gozar, gozar, y gozar,
No escuchen música, salvo la de MTV,
la demás abre cabezas.
Y nosotros las queremos herméticamente cerradas.
Bailen, bailen hasta el cansancio,
bailen hasta no poder más,
hasta que sus piernas pidan piedad,
piedad, piedad, basta.
Al ritmo del Titiri ti tí, Punchipunchi, punchi púm.
Presten especial atención a las luces fosforescentes y ultravioletas,
a la luz blanca que no para de girar y de flashear,
que te produce esa adrenalina tan particular,
que junto con algunas pastillas y polvos,
te ayudan a olvidar.
No le teman nunca a las drogas.
Cuándo no hay nada para masticar, 
ella es la única manera para del hambre escapar.
Cuándo no hay alegrías,
ella te lleva a un mágico lugar donde siempre reirás.
Y eso, querido amigo,
hijo, futuro padre,
niño indefenso, con mucho sueños que probablemente no se hagan realidad,
eso, no puede estar mal.
Ve, calma tu ansiedad, consume.
Sí, consume más.
Compra, compra, tragá.
Come, tomá. 
No utilices mucho el paladar, solo tragá.
Consume solo para poder consumir más,
para seguir viviendo en esta sociedad,
todas las publicidades, aunque no quieras, en algún momento te tragarán.
Niño, pequeño, dulce jovencito,
no escuches a tus abuelos, no los escuches,
no escuches a tus progenitores, no los escuches.
No aceptes consejos, no trabajes, y por sobre todo,
no estudies.
No leas, no veas películas, no aprendas.
No.
No dibujes, no escribas, no cantes. 
No le permitas a tu imaginación explayarse.
Si estás aburrido,
mírate una Serie yanqui, 
de esas que te hacen morir de la risa,
de esas que son tan absurdas,
que al final del capítulo te olvidaste cómo empezó,
y solo querés saber cómo sigue,
porque te muestran los adelantos,
y te enterás que uno de los protagonistas muere en un accidente de autos,
y terminás como siempre,
olvidando el motivo que te incitó a ver esa Serie,
por primera vez.
La base de todo Sistema,
al menos del nuestro,
está en olvidar.
Olvidar,
para no saber qué pasó, ni porqué.
Olvidar,
porque recordar implica analizar.
Porque no te quiero preocupar...
con cosas que ya pasaron.
Olvidar,
para que en un futuro cercano,
más cercano de lo que podés llegar a imaginar,
sean capaces de aceptar sin chistar,
la estructura que detalladamente diseñamos,
e históricamente armamos.
Cerrando puertas abiertas que estorbaban, según nuestro elaborado plan,
callando voces que no querían callar,
sangrando culturas enteras,
y cualquier tipo de oportunidad de crear.
Encegueciendo los ojos que vivieron el paso del tiempo,
y de los distintos sucesos,
y supieron que todo podía cambiar.
Para que ustedes,
queridos representados,
por mí, por nosotros, los aclamados,
tengan paz en cada hogar.
Aún si tu niño debe salir a trabajar,
para que el bebé que tenés en brazos,
por fin pare de llorar.

Compiladíto viajero

Bajo una larga pila de rocas,
un poco llueve, un poco se mojan.
No puede callar el sonido,
de un aire tranquilo,
tan lejos de vos.
Y es un tiempo tan lindo,
sin acusaciones relojeras que valgan.
Y alcanza con mirar el cielo para volar,
aunque te falten las alas, 
siempre podés pasear.
Me hace falta un susurro que diga palabras que floten y no caigan, 
algunas dulces y cálidas, 
sobre esta agüita clara.
Y si pienso en qué vendrá,
me alegro de estar acá.
Sé que no necesitaré nada más,
que este multicolor escenario increíblemente natural.
Si me dices al oído que conmigo estarás,
que tu mirada y la mía juntas recorrerán, 
el renacer continuo de viejas montañas,
que te cuentan su historia en copla armoniosa,
y de esa manera te regalan, un poco de su libertad.

Será el momento de descansar, 
será el momento de regresar,
o de no parar de caminar.
Será el momento, un constante avanzar,
a un nuevo tiempo que trae consigo la merecida felicidad.

Tengo una sed muy calma,
que se satisface con una dulce llovizna,
y alguna que otra lagrimita.
No lastimarse.
A veces me olvido,
de aquello que quiero olvidar.
Es muy fácil perderse entre las nubes,
caminos abiertos, y yo,
sin poder elegir cual transitar primero.
Espero alguna señal,
de nadie ni nada en particular,
que me guíe para al fin poder comenzar.

Me encuentro lejos,
y tan cerca,
a veces te extraño,
y estás acá.
Dormida,
soñé que me iba.
Pero no recordé hacia donde,
al despertar.
Ni con quién,
ni si quería ir a ese lugar.
Canciones que evitan la soledad.
Me llevo parte del lugar.
No solo en los ojos, no solo en el alma,
en una bolsita de plástico,
me llevo un poco de tu tierra y de tu sal. 
Algunas piedritas de colores infinitos,
y recuerdos a lo Fito Paez (que no voy a olvidar...).
Con una sonrisa, no existe fealdad.
No quiero regresar nunca a la ciudad,
pero nunca digas nunca.

Porque me quedo y me voy.
Y si lo dejo, resguardo,
y si lo guardo, conservo,
y así, nunca lo pierdo,
y así, siempre amanezco.
Aunque diga que quiero un lugar distinto,
siempre vuelvo a extrañar el mismo.
Tan pegado que no se desprende,
tan difícil poder esconderse.
Tan desligado que me voy y no vuelvo,
tan lejano que inevitablemente, se perdió en el tiempo.

Me contaron que se puede encontrar aquel lugar que a veces olvidamos buscar.
Que al perderse reaparece y te hace vibrar,
cambiar todo, correr más allá.
Me dijeron que muy lejos puede estar,
no sé donde y no quiero esperar mucho más.
Viajando es la única forma de llegar,
al menos que te sepas tele transportar.
Conociendo, no extrañando demasiado.
A veces me sorprendo de mi capacidad para olvidar.
Quizás sea mejor no regresar.
Buscando alguna complicidad
en esos ojos morochos que dudan a cada paso.
Porque aprendieron que es fácil perderse,
y que es en vano vivir preguntando.
Aunque te parezca que es algo utópico,
el encuentro con uno mismo,
y con todo lo demás.
El encuentro es verdadero,
más allá del espacio y del tiempo.
Ven conmigo y lo descubrirás.

No siempre me voy,
a veces, me quedo acá.


martes, 7 de agosto de 2012

Siempre queriendo tener la última palabra

Siempre queriendo tener la última palabra...
Yo suelo hablar esperando una respuesta.
Aún de mi misma.
Yo muchas veces no tengo nada para decir. Nada que quiera decir.
Muchas otras, elijo la palabra para expresar, gustosa, 
mi amor, mi admiración.
Mi bronca e irritación.
La palabra, es la forma en que la cultura se comparte.
Las ideas, los sentires, los cantares.
Experiencias, y viejas leyendas.
Cuentos, poesías y novelas.
Nuestra vida misma.
Y sin embargo, a pesar de emplearla en mi pensar...
no siempre estoy dispuesta a hablar.
Si me preguntás y te escucho,
es muy probable que te conteste.
Si me contás, acerca de algún problema,
intentaré formular una opinión que te sea favorable, 
para buscarle una solución.
Si me pasó algo muy gracioso,
y encima, estoy de muy buen humor,
probablemente si te cruce,
te relate la anécdota intentando que parezca una gran historia.
Siempre diciendo la verdad, claro está.
Las palabras pueden estar, y pueden no estar.
Pueden surgir en cualquier lugar, en el que un ser humano habite.
Y el orden de ellas es lo de menos,
lo importante, es hacerse entender.
Pero creo que si tengo que elegir,
elijo la primera palabra.



Lobe...es así, ¿no?

No supe otra cosa que rechazar tu abrazo.
Pero, no fuiste vos, el que por amor me defraudó,
el que me hace desconfiar, del amor. No sos vos.
Me clavaron una daga por la espalda,
así de fría, así de blanca,
y varias veces.
Me dijo, no me dejes,
pero no sabe tenerme.
No puedo recibir cariño,
si aprendí que el amor hiere.
Si el amor a veces mata, o envenena,
si el amor se lleva y arrastra consigo, al fondo,
a quien se le cruza por el camino.
Pero yo creo, que a veces es un poco ciego,
un poco sordo, un poco mudo.
Algo incoherente, y loco.
Con límites poco claros.
El amor, no tiene una definición.
No se le puede encasillar fácilmente.
Y por eso es que finalmente,
me dejé abrazar.
Por eso, te abracé yo a vos, y con más fuerza.
Por eso, uno a veces dice te quiero,
o no, amor.

domingo, 5 de agosto de 2012

A ro

A ro ró mi niño,
a ro ró, mi Sol,
duérmete pedazo,
de mi corazón.
Y tan pronto como esas palabras
fluyeron dulcemente,
el hombre, niño,
despertó, en vez de dormirse.
Era dueño de una bronca ingenua,
la de sentirse desafiado,
acorralado u observado.
Pero era bronca pasajera,
de la que pasa con un buen frasco de buena birra.
Jamás volvimos a hablar de ello.
Y creo que jamás lo haremos.
No sé si hubo otras birras para él,
en mi caso las hubo.
Pero ahora canto otras canciones,
porque el momento es otro.
Y él tiene rabias distintas
y varias alegrías.
Lo sé porque lo vi entusiasmado tocando la guitarra,
y lo vi bailando,
pasada la madrugada.
Lo sé porque lo vi entrando al baño,
habiendo una mina adentro,
cagándose de la risa,
con un frasco en la mano
y todos los pelos revueltos.
La canción siempre cambia,
lo que no cambia es que siempre hay
algún frasco problemático,
que interfiere en el medio de la canción,
y se convierte rápidamente en estribillo.
Y, ¿qué se puede hacer?
Hay que cantarla otra vez.




sábado, 4 de agosto de 2012

Ese espacio


Por un lado...
Necesitaba ese espacio.
Yo juro que intentaba acoplarme a lo mismo de siempre,
con la misma naturalidad con la que fluye el aire, y yo solía fluir.
Y ese espacio,
yo no conocía ese espacio,
no del todo,
pero debía acercarme, pensarlo,
tal vez quererlo,
para encontrar en el resto lo que buscaba árduamente en él.
Entonces lo hice,
me acerqué casi sin ver,
pero muy confiada en mis pasos,
sea lo que sea que pasara, solo yo estaría caminando.
Más me aproximaba, más me alejaba,
quedaban atrás aquellas cosas que me hacían tan bien,
ya casi no recordaba lo que era mirar a alguien a los ojos,
y decirle...
Pronto dejó de importar lo que olvidé.
Nuevas oportunidades vendrán cuándo esté dispuesta a abordar.
Pero sin esperar.
Sin, sin, sin hacer nada.
Pero en la misma nada creo, que hay un todo,
así como sonido en el silencio,
¿silencio en el sonido?
En fin, me dí cuenta que yo hacía y mucho.
Pude apreciar, desde la lejanía,
mi tan conocido exterior.
A veces conocemos,
pero no por última vez.
Necesitaba un tiempito para permitirme intentar no pensar demasiado.
Para vaciarme del contenido que molestaba,
y lo que en el trayecto se perdía, no importaba.
Tuve miedo al pensar, si alguna vez regresaría,
sentí vertigo, incertidumbre,
fui vulnerable ante los cambios bruscos,
y también los lentos.
Empecé a alejarme del espacio,
pero de a poco, sabiendo que ya lo reconozco.
Cuándo volví a ver,
ya de cerca y sin anteojos,
recordé que no siempre fue igual,
que todo seguía girando,
y constantemente cambiando.
Incluída yo.
Necesitaba dejar de ver para ver nuevamente, con más espontaneidad,
y la paz que supone gozar,
de ese sentido tan lindo,
como oir y saber escuchar,
tocar,
hablar, y cantar,
oler palo santo,
o degustar, y con tu lengua saborear.
Fue bueno haber conocido ese espacio,
que como otros,
me acercó un poco más,
a todo lo demás.





miércoles, 1 de agosto de 2012

No me preocupa, Y yo te digo, Tu eres un puerco

No me preocupa,  no me importa, vete de aquí . Repetía y repetía, hasta que llegaba el estribillo. De pronto...Ella dijo, ella dijo, ella dijo, ella dijo, ella dijo, ella dijo...dijeron. 
Como si todo el tiempo la canción hubiera estado hablando acerca de una mina. Pero el chabón la representaba hablando en primera persona. 
Que loco, no? Creo que en el fondo pensé eso, como que entendí la situación, bueno, la canción, y, nada, me enloqueció la vida. Mentira, lo que quiero decir es que no esperaba tal desenlace, la canción estaba en inglés, y yo el estribillo, no lo entendí. Por lo que tuve que unir al chabón hablando en primera persona enseguida con la existencia de una mina, que yo supongo, le había dicho eso al pobre tipo, "no me preocupa", "vete de aquí"...un garrón que te digan eso. Aunque pude haber entendido cualquier otra cosa, me perdí parte importante de la letra de la canción, y si bien me la banco, el inglés no es mi fuerte.
Y yo te digo, morena vete conmigo,  no ves que me desespero? Escucha bien lo que digo, prometo llevarte al cielo, si te acercas un poquito... Cuando te digan que me he pasado la vida buscando tu negro pelo, y tu dos blancas mejillas, el aire que respiras, el aliento que da la vida. Porque en esta vida lo que tú me pidas me lo pide el cuerpo... 
Creo que es más que claro. Para empezar, podremos asegurar que la recepcionista de este mensaje algo de levante...tiene. También se puede deducir que el hablante es capaz de entregarse por completo, cuerpo y alma, sobre todo cuerpo creo yo pero eso no importa, con la naturalidad con la que crece y muta una semilla. Es decir, fácil, un poco de agua, sol y aire. Le canta a la muchacha, unas palabras que podrían describirse como muy amorosas, le dice, vení, acércate un poquito, me re cabe tu pelo negro, y no sabés...me he pasado la vida buscándolo, mi cuerpo me pide lo que me pidas vos...el tipo está regalado con moñito y todo...qué se yo...soy la mina y no sé, realmente no sé.
Tu eres un puerco, tu eres diminuto, tu eres estiércol, deberías suicidarte y meterte noventa pelcos, noventa valium, noventa palitroques, montarte en tu carro, y guiar a doscientas millas hasta que choques. ¿Quién es este cabrón infeliz?... Si tú no colaboras, te meto los deditos en una licuadora...
No hay onda. Definitivamente, no hay onda entre los interlocutores. De hecho me animo a decir que hay un desprecio consistente, supongo que motivado ya que parece tener en sus palabras un grado de afirmación que, sorprende.  Para sintetizar, le está diciendo a un hombre que es asqueroso, mierdoso, descompuesto, que le gustaría muchísimo que se muera, y no de una forma natural y pacífica, sino por el contrario, sufrida, violenta y con sangre de por medio, esperable luego de un accidente automovilístico. Para finalizar, vemos que lo amenaza, de una manera muy poco amigable, con una licuadora. Qué decir, realmente muy feo que alguien te diga algo así. Muy feo. Por suerte no es a mí. Creo que no sabría qué hacer si alguien me dice todo eso. Contestar? Esperar...¿sonreir?, ponerle onda a la situación tirando un chiste tipo..."Uh boludo pero, ¿vos querés que asalte una farmacia para conseguir noventa valium? Jaja, solo si vos me hacés la segunda...", pero el chiste no era gracioso y el tipo me cagaba a trompadas de una...no sé, no sé. No sé como reaccionaría. Yo creo que tiro un golpe, a ver si le doy, porque lo que me dijo realmente me ofendió, y me pongo a correr...

Gracias, en orden de participación, a Nirvana, Estopa y Calle 13.