Me encontré una moneda de un centavo.
Luego la perdí, así, con la misma facilidad.
Completa ausencia de intencionalidad.
Fue que decidí y actué en consecuencia,
al momento de guardarla en mi bolsillo.
Sin saber muy bien por qué...,
pero creyendo que era la mejor opción ante la otra posibilidad,
seguir caminando y tal vez más tarde, olvidando.
Olvidando aquella vez que creí perder una oportunidad.
A fin de cuentas no muchas personas le darían importancia a una moneda de un centavo a un costado de la calle.
No es que haya analizado a conciencia la situación que se me presentaba en ese preciso momento,
fue algo más cercano a lo instintivo.
Lo que hice fue tomar,
guardar,
conservar,
secuencia socialmente aceptada,
desde tiempos inmemoriales.
Pero debido a su incapacidad -de la moneda-,
de ser utilizada como medio de pago significativo...
la pequeñez del valor otorgado a la misma.
De algún modo pensé que me influenciaría,
y ese modo tendría algo de mágico,
al menos más mágico que el cotidiano intercambio comercial que se realiza en cualquier supermercado, kiosco, medio de transporte público.
Sin darle demasiada relevancia consciente,
adjudiqué a aquella moneda propiedades divinas,
que por destino o por azar,
a mí me traspasaría...
Por el solo hecho de haber actuado en el justo momento como debía,
Sin ninguna clase de previsión o calculabilidad racional,.
Como no creo en el cálculo racional,
porque no dejo de decepcionarme al ponerlo en práctica...
pero tampoco demasiado en lo circunstancial,
lo ocasional, las coincidencias con suerte, y esas cosas...
No me preocupé mucho al descubrir que mi tesoro,
-le llamo tesoro porque soy un ser contradictorio, bueno, como todos los otros-,
ya no se encontraba donde yo lo había dejado.
La magia siempre es puesta en duda,
si ocurre,
maravilla y sorprende.
Pero si no,
jamás hubieron tantas expectativas como para entristecer.
Yo la moneda de un centavo que encontré a un costado de la calle,
la tomé,
la guardé,
pero no la conservé.
Así que tengo derecho a ponerme un poquito triste,
la magia siempre es puesta en duda,
y yo sigo dudando.
No hay comentarios:
Publicar un comentario