Siempre queriendo tener la última palabra...
Yo suelo hablar esperando una respuesta.
Aún de mi misma.
Yo muchas veces no tengo nada para decir. Nada que quiera decir.
Muchas otras, elijo la palabra para expresar, gustosa,
mi amor, mi admiración.
Mi bronca e irritación.
La palabra, es la forma en que la cultura se comparte.
Las ideas, los sentires, los cantares.
Experiencias, y viejas leyendas.
Cuentos, poesías y novelas.
Nuestra vida misma.
Y sin embargo, a pesar de emplearla en mi pensar...
no siempre estoy dispuesta a hablar.
Si me preguntás y te escucho,
es muy probable que te conteste.
Si me contás, acerca de algún problema,
intentaré formular una opinión que te sea favorable,
para buscarle una solución.
Si me pasó algo muy gracioso,
y encima, estoy de muy buen humor,
probablemente si te cruce,
te relate la anécdota intentando que parezca una gran historia.
Siempre diciendo la verdad, claro está.
Las palabras pueden estar, y pueden no estar.
Pueden surgir en cualquier lugar, en el que un ser humano habite.
Y el orden de ellas es lo de menos,
lo importante, es hacerse entender.
Pero creo que si tengo que elegir,
elijo la primera palabra.
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