sábado, 11 de agosto de 2012

Compiladíto viajero

Bajo una larga pila de rocas,
un poco llueve, un poco se mojan.
No puede callar el sonido,
de un aire tranquilo,
tan lejos de vos.
Y es un tiempo tan lindo,
sin acusaciones relojeras que valgan.
Y alcanza con mirar el cielo para volar,
aunque te falten las alas, 
siempre podés pasear.
Me hace falta un susurro que diga palabras que floten y no caigan, 
algunas dulces y cálidas, 
sobre esta agüita clara.
Y si pienso en qué vendrá,
me alegro de estar acá.
Sé que no necesitaré nada más,
que este multicolor escenario increíblemente natural.
Si me dices al oído que conmigo estarás,
que tu mirada y la mía juntas recorrerán, 
el renacer continuo de viejas montañas,
que te cuentan su historia en copla armoniosa,
y de esa manera te regalan, un poco de su libertad.

Será el momento de descansar, 
será el momento de regresar,
o de no parar de caminar.
Será el momento, un constante avanzar,
a un nuevo tiempo que trae consigo la merecida felicidad.

Tengo una sed muy calma,
que se satisface con una dulce llovizna,
y alguna que otra lagrimita.
No lastimarse.
A veces me olvido,
de aquello que quiero olvidar.
Es muy fácil perderse entre las nubes,
caminos abiertos, y yo,
sin poder elegir cual transitar primero.
Espero alguna señal,
de nadie ni nada en particular,
que me guíe para al fin poder comenzar.

Me encuentro lejos,
y tan cerca,
a veces te extraño,
y estás acá.
Dormida,
soñé que me iba.
Pero no recordé hacia donde,
al despertar.
Ni con quién,
ni si quería ir a ese lugar.
Canciones que evitan la soledad.
Me llevo parte del lugar.
No solo en los ojos, no solo en el alma,
en una bolsita de plástico,
me llevo un poco de tu tierra y de tu sal. 
Algunas piedritas de colores infinitos,
y recuerdos a lo Fito Paez (que no voy a olvidar...).
Con una sonrisa, no existe fealdad.
No quiero regresar nunca a la ciudad,
pero nunca digas nunca.

Porque me quedo y me voy.
Y si lo dejo, resguardo,
y si lo guardo, conservo,
y así, nunca lo pierdo,
y así, siempre amanezco.
Aunque diga que quiero un lugar distinto,
siempre vuelvo a extrañar el mismo.
Tan pegado que no se desprende,
tan difícil poder esconderse.
Tan desligado que me voy y no vuelvo,
tan lejano que inevitablemente, se perdió en el tiempo.

Me contaron que se puede encontrar aquel lugar que a veces olvidamos buscar.
Que al perderse reaparece y te hace vibrar,
cambiar todo, correr más allá.
Me dijeron que muy lejos puede estar,
no sé donde y no quiero esperar mucho más.
Viajando es la única forma de llegar,
al menos que te sepas tele transportar.
Conociendo, no extrañando demasiado.
A veces me sorprendo de mi capacidad para olvidar.
Quizás sea mejor no regresar.
Buscando alguna complicidad
en esos ojos morochos que dudan a cada paso.
Porque aprendieron que es fácil perderse,
y que es en vano vivir preguntando.
Aunque te parezca que es algo utópico,
el encuentro con uno mismo,
y con todo lo demás.
El encuentro es verdadero,
más allá del espacio y del tiempo.
Ven conmigo y lo descubrirás.

No siempre me voy,
a veces, me quedo acá.


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