Aprendí a aceptar mi propio tiempo.
Llorando, riendo, pensando, amando, odiando, gritando, aislada, cansada, aplastada, inspirada, motivada, emocionada.
Aprendí que el otro no es yo y yo no soy el otro, que por más semejanzas, no somos lo mismo, que se puede comparar pero jamás tratar de ocupar, algún otro lugar que el que ya ocupás, porque siempre estás ocupando uno, y de ahí no podrás escapar, viviendo tu vida, sabiendo o no lo que quieras hacer con ella, no se puede parar el tiempo, solo convivir con él.
Podés moverte, correr, esconderte, podés ir rápido, lento, muy despacio, pero siempre estarás andando, avanzando, aunque estés quieto.
Podrás mejorar y empeorar, aprender, volver a ver, pensar de una manera diferente, cambiar de idea, cambiar de Chico. Pero nunca dejar de ser. Hasta que ese día llegue.
Si te gusta lo que ves, mirame, nadie te obliga. Si te gusta lo que oís, escuchame. Si tenés ganas de abrazarme, abrazame, no me preguntes.
Me gusta lo que veo, me gusta lo que oigo, puedo abrazarte, besarte, decirte gracias, y lo hago.
Me gusta tenerte cerca, me gustas vos.
Me gusto yo, por gustarme vos.
Y me gusta mucho.
Respeto tu voz y tu silencio. Respeto que no te importe lo adecuado.
Respeto que te expreses de muchas formas, que te entiendas y me entiendas.
Me encanta oirte estornudar.
Me gusta que manejes tu propio tiempo, sin querer que yo me acomode a él.
Y que siempre que puedas me preguntes, qué es lo que quiero hacer.
Me gusta que no me preguntes por qué?
Y que te banques el mío.
Por qué?
No lo sé.
Me gustas vos, y me gusto mucho por gustarme vos.
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