Hay dos clases de boludos.
Los boludos que quieren todo lo que tienen los demás,
y los boludos que por el contrario, a toda costa, se quieren diferenciar.
Son todos boludos?
Sí. Y yo pertenezco a la segunda clase.
Absolutamente todos, vivimos una irrealidad,
no se puede ser igual, y la diferencia, siempre se puede asemejar.
Soltá las plantas de los pies, me dijo.
Las tengo sueltas, le contesté.
Pasa que lo ambiguo, a mí me confunde,
tal vez por mi propia ambigüedad.
A veces lo más simple me parece complicado,
y cuándo digo simple, me baso en lo que dice el Gran diccionario del Sentido Común, ese al que apela la gente cada vez que no sabe qué pensar.
Solo sé que me gusta hablar con vos, que me gusta con mis dedos recorrerte, conocerte.
Que me atrae no tener que preguntarte, ¿Qué pensás?.
Que tus mates y tus tés, son los más ricos que hay.
Que no sé cuánto va a durar, y que como todo, puede terminar.
Porque para terminar, hay que comenzar,
y para ese lado voy a caminar.
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