jueves, 26 de julio de 2012

Claramente, se llama Despertar


Despertar, luego de una larga noche de frío que al comienzo te dificultó un poquito dormir. 
Despertar, con los rayos del Sol entrando a tu cuarto por los resquicios de la persiana de la ventana que da al cielo más alto.
Despertar, tras haber soñado seres y lugares hermosos, con esa sensación de haber visto todo lo que querías ver, aún con los ojos cerrados, pero sin rostros ni formas que puedas representarte y figurarte ahora, que ya abriste los ojos para dejar de ver lo mismo y comenzar una nueva historia.
Despertar, despertar y prepararse para desayunar. 
Despertar y saludar a los que también han despertado. 
Despertar y estirarse, desde la punta del dedo Gordo del pie hasta dejar los brazos largos como si quisieras tocar las nubes, sintiendo que estuviste años momificada en un sarcófago de piedra hecho a medida o conservada en formol en una misma posición, y es hora de volver a reconocer el cuerpo que te pertenecía.
Despertar, qué lindo despertar sabiendo que tenés todo el día, y tal vez la noche para descubrirte una vez más, en compañía de todo lo que como vos despierto está, dispuesta a generar y energizar a tu manera lo que te rodeará.
Despertar, ilusión de realidad que te hace volver a empezar, esperando ese momento tan preciado que es dormir y descansar, solo para nuevamente despertar.

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