Recuerdo cuando acabaron las siestas de mi viejo.
En verdad nunca acabaron, pero vos me llevaste a caminar, y a ver revistas, y a acompañarte a no sé qué lugar mientras él dormía. Y a hablar un poco de las cosas que se hablan con alguien de siete años.
Recuerdo tu casa en aquel entonces.
Recuerdo a tu hijo y su habitación llena de cosas para niños. Sobre todo recuerdo unos balines naranjas (o amarillos) que dolían mucho cuando te golpeaban. Ese 'mucho' es claramente la expresión de lo que siente una niña cuando juega con cosas de niños. Y en especial ese niño... ¿Donde estamos, pá?
Recuerdo un día en que hacías ñoquis. Vos me dijiste que participé, pero yo solo recuerdo el verte.
Recuerdo un día en que hacías galletitas de queso. Siempre fue el queso, para mí, una debilidad.
Recuerdo que además de comer muy rico, con vos me reía. Mucho me reía. Pero que al llegar mi progenitor, si podía te hacía quedar mal, mandándote al frente con algo. Bueno, lo habré hecho un par de veces, pero 'fea la actitud'.
Recuerdo tus palabras siempre esclarecedoras cuando yo traía conmigo alguna culpa inculcada. De mi progenitora. Y de la progenitora de mi progenitora. Y de la progenitora de la progenitora, de la, de la... Algo de una navidad en que no habría regalos. Este año no hay Noel para Nadia, no se portó nada bien. Y entonces, palabras esclarecedoras, y hechos alentadores... Sí hubo navidad.
Esas palabras por cierto, nunca cesaron, muchas gracias.
Recuerdo, volviendo a lo festivo, una familia loca y numerosa, con numerosos fuegos artificiales.
Muchos ojos mirando lejos en el cielo desde un piso trece. Muchas miradas compartiendo un momento. Compartiendo.
Recuerdo algo de celos, porque el ego. Yo estaba ahí, pero una sensación de 'llegué tarde' me impedía darme cuenta de que estaba ahí. Una sensación de 'pero ya me tengo que ir...'.
Recuerdo que ninguna de esas sensaciones logró dominarme del todo. Porque ahí estaban ustedes.
Siempre estaban ustedes.
Recuerdo un día en que hablando con mi padre, sabiendo que nos escuchabas, decidí que el tema de conversación sería 'lo linda que es Ingrid Grudke, esa rubia que sale en las publicidades de ropa interior femenina". Siempre tan copada y buena persona. Grande para el Complejo de Edipo pero aún pequeña para aceptar por completo el hecho de que el puesto ya estaba ocupado.
Y muy bien ocupado, nunca mejor.
Recuerdo noches de psicología. Lunas de psicología.
Recuerdo una mesa servida para cuatro.
Recuerdo cenas interminables.
Recuerdo discusiones interminables.
Recuerdo risas interminables.
Recuerdo chistes de gallegos. Con tu voz de gallega, contando los chistes de gallegos.
Recuerdos charlas acerca de lo profundo, de aquello que motiva al andar, y de las proyecciones a futuro.
Siempre demostraste ser alguien que sigue adelante. Siempre adelante. Llevando a los tuyos con vos porque supiste aprender de la vida lo esencial, que siendo solos no hay a donde avanzar.
Gracias por ayudarme tantas veces a no quedarme atrás.
Recuerdo tanto y recuerdo tan poco.
Recuerdo recuerdos que en verdad no recuerdo pero quisiera recordar.
¿Cómo sintetizar todo esto?
Simplemente diciéndote que recuerdo.
Repitiendo una y otra vez la misma palabra, tal vez logre expresarte mi más sincero reconocimiento.
Te quiero.
No hay comentarios:
Publicar un comentario