Pondré una flor en mi sombrero,
que no sea rosa ni margarita.
Será una flor exótica,
la rescataré camino al encuentro.
Tendré unas botas que absorban la lluvia,
para sentirla a cada paso.
Pero intentaré no pisar muchos charcos,
así respirarán mejor mis pies descalzos.
Y nos sentiremos mejor,
y respiraremos mejor.
Pondré una flor en mi sombrero,
para que me reconozcas a simple vista.
Y cuando por fin lo hagas,
te pareceré una completa desconocida.
Tendremos muchas preguntas,
y unas pocas posibles respuestas.
Sabemos que la clave no es pensar,
sino jugar y adivinar.
Y si me preguntas: ¿Qué?
Te diré cuándo.
Y si me preguntas: ¿Por qué?
Contestaré: No lo sé.
No quedará más opción que despojarse del frío,
tan solo porque es necesario.
No habrá quién conozca los motivos,
no estarán en el diccionario.
Pondré una flor en mi sombrero,
y la usaré de tanto en tanto.
Sin ella no estaría completo mi calendario,
no tendrían sentido las gotas que van bajando,
perderían su magia los días nublados.
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