martes, 18 de septiembre de 2012

Otra vez, vos, ahí...

Otra vez te veo ahí, tan pero tan Vos. 
Tan suelto, tan divertido. 
Y me divierte verte así, me suelta a mí. 
Pero cuando te miro te quiero agarrar, 
fuerte del cuello y acercarte mucho más, 
tanto como para poder darte el beso de tu vida, 
pero no, no puedo hacerlo, 
y río y pienso la puta madre, chabón... 
Y sigo como si nada, pero no, 
vos también seguís ahí.
Y no puedo acercarme por un rato,
o me derrito como helado tibio al Sol.
Qué fácil que me pongo nerviosa,
cuando me hacés un chiste,
cuando me molestás.
Y qué fácil me sale abrazarte,
o golpearte, e inmediatamente pedirte que me perdones,
con una pequeña caricia en el lugar del golpe.
Hace mucho que no me pasaba,
ya no me acordaba lo que es que alguien, 
sea el motivo de tu lista de reproducción de todos los días.
Con, o sin aleatorio.
Hace mucho que nadie me irritaba,
así, de la misma manera,
pará, acercáte, vení, andáte! 
Sabés lo que podés tener, 
y lo que no, lo sabés también.
Sabés que cada uno carga con su locura,
si nos contagiáramos podría ser demasiado.
Pero yo no creo eso, tan solo sería tal vez, 
un poco complicado.
Nada con lo que no podamos, ¿no? ¿eh?
Dale boludo, copáte en ésta,
tiráte un paso, dale.
Que yo no puedo pasarme el tiempo esperando,
aunque lo cierto es que lo hago.
Pero también como, sí,
también duermo,
y también me baño.
Y también, escribo ésto,
porque si te lo dijera mirándote a los ojos,
no pararía de pestañear, 
y de hacer caras raras.
Me volvería un poco tonta,
mucho más de lo normal.
Y si no me tuvieras paciencia,
sin muchas vueltas, te mandaría a cagar.
Porque estás ahí, otra vez,
y no hay ningún otro como vos,
ni acá, ni allá ni, en cualquier parte.
Entonces reconozco que un poquito me obsesiono,
un poquito, tal vez... me enamoro.
Un poquito me escondo, y reaparezco para que te fijes,
para distraerte, para que me mires.
Y no me importa caer tan bajo,
ni pensarte tanto rato,
porque entiendo que el amor es raro,
y su lenguaje muy bizarro.
A veces requiere de días, 
y noches de buen escabio,
otras, un par de encuentros malos, 
hasta que de pronto se pega el salto,
y terminamos como dos amantes desquiciados.
Ojalá.
Solo sé que vale la pena este cosquilleo sin cosquillas,
este regreso a la hermosa, amorosa estupidez.
Mientras te tenga ahí,
otra vez, y otra vez...



Eh guacho, a vos te hablo.






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